Crónica Primera Salida 2025 – Alcalá

Fotofrafía Miguel Ángel Gómez y David Jimenez

Siguiendo el consejo de Benito, en este 2025 salimos a tirar más fotos. En nuestra primera salida del año nos acompañó Zona 13 Estudio Fotográfico, quienes se encargaron de la logística, la guía técnica y los talleres fotográficos.

El primer paso fue definir un destino. Alcalá, Valle, con su cercanía y riqueza natural, resultó ser la elección perfecta. Luego establecimos nuestro objetivo: explorar la velocidad de obturación como un parámetro creativo. Entre los ejercicios planeados estaban el congelado, barrido, efecto seda, fantasma y astrofotografía, técnicas que dependen de la manipulación precisa de este ajuste.

Desde el inicio sabíamos que sería un reto ambicioso, así que preparamos nuestras mochilas fotográficas, empacamos cámaras, lentes, trípodes y, sobre todo, llevamos con nosotros la disposición y el entusiasmo de un nuevo año de aprendizaje.


Hacia la cascada Chontaduro

Al llegar a Alcalá, emprendimos de inmediato nuestro recorrido en busca de la cascada Chontaduro, uno de los atractivos turísticos del municipio. Este santuario de naturaleza y tranquilidad se oculta a dos kilómetros de distancia, esperando ser descubierto.

Mochilas al hombro, iniciamos nuestro recorrido entre conversaciones casuales y la contemplación del paisaje, mientras capturábamos nuestras primeras fotografías. A paso de fotógrafo, la distancia pareció más larga; cuando se observa con detenimiento, cada detalle se convierte en un descubrimiento. Como diría Caifanes, para un alma eterna, cada piedra es un altar.

A medida que avanzábamos, los contrastes de la naturaleza nos cautivaban. Al inicio, el paisaje era rural, con luces duras y contrastes marcados en color y forma. Pero conforme nos acercábamos a la cascada, la vegetación se volvía más densa y exuberante, como si nos adentrásemos en un bosque inexplorado, donde el follaje era tan espeso que apenas dejaba pasar la luz del sol. Los últimos tramos fueron los más exigentes, pero al final del sendero, la imponente cascada Chontaduro se reveló ante nosotros, majestuosa e indomable.


Un escenario para la creatividad

Esta maravilla de la naturaleza nos recordó que el río no conoce límites: no hay obstáculo lo suficientemente alto para detener su ímpetu. El agua se lanza al vacío con la certeza de que el mar la espera. Aquí encontramos el escenario perfecto para practicar la velocidad de obturación.

Allí  intentamos congelar el momento, capturando cada gota suspendida en el aire antes de que continuara su recorrido. Luego, por el contrario, practicamos las fotografías de larga exposición, permitiendo que la cámara registrara el agua como un velo de seda. Mientras nuestros sentidos se dejaban llevar por el estruendo de la caída, nuestras cámaras se convertían en testigos silenciosos de una calma invisible.

Tras varias horas de práctica, nuestra primera misión había concluido. Con la memoria llena de imágenes y el cuerpo marcado por la humedad del ambiente, regresamos al pueblo, listos para continuar nuestra jornada en un nuevo escenario.


La hacienda del duende: un encuentro con lo místico

Nuestra siguiente parada fue la Hacienda del Duende, un lugar envuelto en historias y leyendas. Según sus ocupantes, en los guaduales cercanos habita un vecino juguetón y peculiar que, si se le permite, se manifiesta en formas inesperadas.

Con su permiso, nos sumergimos en una sesión de exploración fotográfica. Durante la tarde, practicamos distintas técnicas de larga exposición, experimentamos con efectos de fantasmas, barridos y congelados, y aprovechamos la hora dorada y la hora azul para jugar con la luz y la composición.

David Jimenez

Cada rincón de la hacienda se convirtió en un lienzo para nuestras cámaras. La creatividad fluía entre los participantes, quienes con cada disparo encontraban nuevas formas de mirar.


Bajo las estrellas: capturando el infinito

Cuando cayó la noche, nos esperaba el último reto del día: fotografiar el cielo estrellado. Bajo la guía de Jonathan y Carolina, configuramos nuestras cámaras para capturar la luz de astros que han viajado por cientos de años hasta encontrarnos.

Para cerrar la jornada, realizamos una actividad de light painting. Con luces en mano, cada participante escribió su nombre en el aire, dejando una huella luminosa en el espacio y en la memoria de la experiencia.

Lo mejor de estas actividades es que no estuvieron limitadas a quienes llevaban cámaras profesionales. Nuestros instructores se aseguraron de integrar a todos, sin importar si tenían una réflex, una mirrorless o un celular.


100 pasos, una mirada diferente

Al día siguiente, nos trasladamos a la plaza principal de Alcalá, donde el imponente samán nos recibió para la última actividad. Se trató de un reto fotográfico con una única regla: cada participante solo podía dar 100 pasos para elegir su punto de disparo, sin posibilidad de moverse después.

Lo que parecía una restricción se convirtió en una revelación. Nos dimos cuenta de que la creatividad no depende del lugar, sino de la mirada. Desde un solo lugar, surgieron imágenes completamente diferentes, demostrando que cada ojo ve su propia versión del mundo.


El cierre perfecto: café y conversación

No podía haber mejor final para nuestra primera salida del año que una buena taza de café en El Rincón Santo. Entre sorbos y anécdotas, compartimos aprendizajes y miramos las imágenes que habíamos capturado.

Más allá de la técnica, este viaje nos recordó por qué amamos la fotografía. Porque más que capturar imágenes, nos permite capturar momentos, experiencias y formas de ver el mundo que nos rodea.

Así cerramos esta primera aventura del 2025. Si te apasiona la fotografía, no te pierdas las próximas salidas del Club Lente & Café. ¡Nos vemos en la siguiente exploración!