Evento Celebración Día mundial de la fotografía 2025– Jornada Académica

Escrito por: David Alejandro Jiménez Osorio

Fotografía por: Álvaro Javier Cuesta Y Jonathan Correa

El día 30 de agosto se llevó a cabo la segunda versión de la “Celebración Día Mundial de la Fotografía”, un evento cultural organizado por el club de fotografía Lente & Café y la Fundación Laverde Biodiversa con el objetivo de complementar, a través de la fotografía, la agenda cultural de las Fiestas de la Cosecha.
En esta ocasión se tenía como invitados a Lourdes Almeida, Camilo Giraldo, Liliana Estrada y a Oswaldo Ospina, quienes tenían la misión de compartir sus experiencias ante un público expectante que había llegado muy puntual a su encuentro.
La jornada dio inicio en punto con los actos protocolarios. La secretaria de Cultura Emilia del Socorro Gutiérrez dio unas palabras de bienvenida en su casa, el Centro Cultural Lucy Tejada. Luego intervino el presidente del club de fotografía Lente & Café, David A. Jiménez O., quien hizo un llamado al rol creativo de los espectadores.

LOURDES – Zurciendo el tiempo
La primera en participar fue Lourdes Almeida, quien nos acompañó desde su natal México para hablarnos de su libro Zurciendo la historia, un proyecto que buscaba responder una pregunta relevante e incómoda en la historia de la fotografía: ¿En dónde carajos están las mujeres fotógrafas? Inquietud que surgió al observar cómo, en otras áreas de la ciencia y el arte, existía un sesgo histórico hacia ellas, dejando su labor en el olvido.
Esta pregunta la llevó a una investigación de varios años, en la que recabó relatos, actas de defunción, listas y muchas fotografías, hasta encontrar el astronómico número de 734 mujeres excluidas de los libros de historia.
Con una voz familiar y dulce, como la de una tía encantadora, Lourdes fue mostrando la maestría que tiene para bordar el tiempo. Y, sin que fuéramos del todo conscientes, nos envolvió en su hechizo: el de enlazar la vida y la obra de estas fotógrafas con nuestro propio tiempo. Su acto de nombrarlas no solo las reivindica, sino que, de cierta manera, las anima, les da voz y las revive para que sean parte de las conversaciones artísticas contemporáneas.
Así, Lourdes nos demostró que no solo domina la cámara, sino que también posee la capacidad de moldear el tiempo, porque solo quien teje con hilos intemporales es capaz de reescribir la historia.

CAMILO – La sensibilidad del ser
Luego subió al escenario Camilo Giraldo, fotógrafo pereirano, quien abrió su alma para hablarnos de su proceso en la fotografía de moda. Al ser llamado por Edwin Laverde para dar inicio a su presentación, se le vio quitarse esa máscara que todos usamos antes de salir de casa para evitar heridas al corazón.
Ha de ser muy pesada, porque, una vez mostró su rostro desnudo, se le vio fluir por el escenario con una levedad y agilidad solo posibles en quienes se encuentran en tregua consigo mismos. Y, desde esa paz alcanzada, nos compartió sus vivencias a través de un relato sincero, de cierta manera crudo, en el que nos permitió ver el verdadero ruido granular de película que puede llegar a generarse en ese camino romantizado de perseguir los sueños.

En su relato nos mostró cómo la fotografía puede ser terapia o verdugo, dependiendo de nuestra mirada. Cómo la pasión se puede transformar en una carga, y que, sin las herramientas emocionales necesarias, corremos el riesgo de encontrarnos al final del túnel con un destino distópico, muy distante al que soñamos llegar.
Pero, asimismo, con una madurez que contrasta con su edad, nos mostró cómo el arte puede ser una manera de expresar estas sensaciones, y cómo, a través de este, podemos superar nuestras crisis. También nos mostró que la fotografía, contraintuitivamente, no es un arte de construcción individual; y en su experiencia como fotógrafo de moda, ha encontrado en sus modelos personas que pueden aportar a la construcción de relatos profundos, aliados para transmitir esas emociones que todos necesitamos liberar para sanar. Y que, cuando tenemos conversaciones sinceras con el otro, podemos darle mayor relevancia a nuestro mensaje, porque quizás nuestros problemas, miedos y frustraciones son más universales de lo que pensamos.
Y así, entre consejos de salud mental —como el descanso y la medicación—, nos mostró que ser fotógrafo es mucho más que capturar imágenes estéticas: es conectar con nuestra esencia y, por un instante, estar en paz con nosotros mismos.

LILIANA – El efecto gravitacional del saber
Escuchar a Liliana Estrada es entender que el conocimiento tiene densidad. Solo con tomar el micrófono, los asistentes de la sala sintieron una fuerza gravitacional que los dejó inmóviles ante su discurso, atados a sus asientos por el peso de compactar la historia artística de la fotografía en una sola presentación.
Esa masa discursiva necesitaba de alguien con la capacidad de nombrar grandes fotógrafos, explicar conceptos teóricos y señalar puntos en la historia, sin perder el balance entre la velocidad y la claridad pedagógica, talento que demostró dominar con naturalidad.


Y, como si Lourdes le hubiera enseñado sus habilidades para tejer con el tiempo, Liliana comenzó a nombrar fotógrafos, y estos, por arte de magia, empezaron a transitar el escenario. Personajes como Oscar Gustav Rejlander, Henry Peach Robinson, Julia Margaret Cameron, entre otras grandes figuras, se tomaron las tablas del Lucy Tejada.
Al ser nombrados, tomaban voz y relataban su versión de la historia. Nos enseñaron cómo, desde los inicios mismos de la fotografía, algunos inquietos artistas empezaron a experimentar con este artilugio capaz de congelar instantes, instantes que podían ser reales, pero también imaginados o construidos.
Y así, entre saltos temporales, personajes y momentos importantes, Liliana nos llevó a recorrer diferentes épocas, décadas y siglos, a un ritmo caótico pero controlado, logrando llevarnos desde el génesis hasta lo contemporáneo.
En este trasegar, salieron más personalidades como André Breton, Cindy Sherman, Andy Warhol o David Hockney, cada uno con sus aportes a este relato. Lástima que Lourdes Almeida estuviera en México, porque habría sido maravilloso presenciar una conversación entre ella y Hockney. Conversación que, con un poco de suerte, nos habría permitido entender las razones del destino para que ambos desarrollaran una propuesta artística con fotografía Polaroid casi de forma simultánea.

Finalmente, Liliana nos trajo a tiempos más cercanos para presentarnos algunos artistas contemporáneos. Allí nos introdujo a quienes considera grandes referentes de la fotografía artística contemporánea, como Adriana Duque, María Isabel Rueda y Miguel Ángel Rojas, cada uno con su obra expuesta, dejándonos ver su riqueza visual impresionante. Definitivamente fueron los personajes perfectos para cerrar este desfile de artistas.
Ya en este punto tuvimos un respiro de aquel viaje frenético, para degustar las conversaciones de Liliana con las obras y ser testigos del momento íntimo en que una gran curadora dialoga con la obra artística. Y allí, entre preguntas dirigidas al público —pero que solo los cuadros podían responder—, terminamos este breve viaje por la historia de la fotografía artística.

OSWALDO – De los buques simbólicos
Nuestro último invitado fue Oswaldo Ospina, quien nos compartió la relación estructural entre lo técnico y lo simbólico. Cuando analizamos una propuesta artística, siempre centramos nuestra mirada en los aspectos simbólicos de esta: colores, composición, mensaje, iconografía, entre otros elementos. Sin embargo, pocas veces dirigimos nuestra admiración hacia la tecnología que permitió dicha propuesta.
Y es que la tecnología tiene un rol fundamental en el arte: el de dar soporte y permitir la generación del mensaje artístico, creando así una relación simbiótica entre ambas. Relación que es inherente a la propuesta artística en sí. Basta con analizar el génesis de las manifestaciones artísticas humanas para entenderlo. Sin las herramientas para grabar la piedra y sin pigmentos duraderos, no hubiese sido posible el arte rupestre. Relación que con el paso del tiempo ha probado ser inquebrantable.


Si analizamos con detenimiento, toda manifestación artística tiene una tecnología que le da soporte. La escritura necesitó de los desarrollos tecnológicos del papiro, de la imprenta, de las tintas y demás artefactos para llegar a ser lo que ahora entendemos por literatura. Lo mismo ocurre en las artes pictóricas y en cualquier representación artística humana. Esto es quizás aún más evidente en la fotografía, porque es una expresión artística que requiere de un dispositivo capaz de transformar la luz en información electrónica o en interacciones químicas, dependiendo de la tecnología usada.
Y es allí donde se centró la presentación de Oswaldo: si la tecnología es implícita al arte, ¿cuál es su implicancia en el mensaje estético?

Para responder esta pregunta fue necesario que Oswaldo nos diera un revelación adicional: la relación tecnoestética es bidireccional; el arte puede afectar la técnica y así generar ciclos de retroalimentación entre ambos elementos. En cada giro cambian los atributos tecnológicos impresos sobre las expresiones artísticas y, por tanto, se altera la forma y las miradas con que consumimos los mensajes simbólicos.
Esta pregunta, discutida durante su corta presentación, tenía como objetivo activar la curiosidad del público, que salió con más preguntas que respuestas, pero con una reafirmación del rol activo que implica ser espectador.

CONVERSATORIO
Al finalizar, se abrió un conversatorio donde todos los conferencistas, con excepción de Lourdes, subieron al estrado para responder las preguntas de un público que aún no lograba entender en su totalidad lo que había vivido.
Y es que era difícil, en ese instante, encontrar una línea narrativa en tanta diversidad discursiva. Así, se fueron animando los primeros asistentes a realizar preguntas, con una profundidad que demostraba el esfuerzo intelectual al que habían sido expuestos.
Y es que quizás necesitemos revivir las charlas, volver a ver las grabaciones, revisar nuestras notas e investigar los nombres mencionados para entender en su totalidad el mensaje, o los mensajes, porque deben existir múltiples interpretaciones.


Por el momento, yo doy la mía: siento que el hilo que zurció este evento radica en la fotografía misma. Y es que, si lo miramos, cada uno de los expositores habló de un componente del triángulo de exposición: Lourdes y el tiempo, Camilo y la sensibilidad, y Liliana y la apertura a los conocimientos teóricos del arte fotográfico.
Oswaldo, que no entra en ese triángulo por limitaciones geométricas, sería la cámara misma, y todos juntos serían, esencialmente, la fotografía.