Evento Celebración Día mundial de la fotografía – Jornada Fotográfica
El evento de celebración del Día Mundial de la Fotografía continuó el 19 de agosto con una jornada fotográfica en la Plaza Bolívar de Pereira, en la que se organizó una maratón fotográfica desde las 7:00 hasta las 10:00 a.m.
Por coincidencia, este año el Día de la Fotografía fue un día festivo, lo que facilitó la participación de los asistentes, quienes sin las restricciones laborales habituales pudieron conmemorar el nacimiento de la fotografía a través de su práctica.
La plaza se vio sorprendida cuando, desde tempranas horas de la mañana, personas con cámaras, trípodes y lentes comenzaron a acercarse y reunirse en el lugar. Mientras la jornada iniciaba, los fotógrafos, compartiendo sus historias, conocieron a quienes serían, durante las próximas horas, sus colegas y competidores en un concurso que, más que premiar la individualidad, buscaba unir y generar comunidad.

El primer evento de la mañana fue la realización de la foto emblemática, actividad que comenzó cerca de las 7:30 a.m. Alrededor de 50 fotógrafos se posaron en torno a la estatua del Bolívar Desnudo para crear de forma colaborativa una imagen inédita. El Bolívar Desnudo, con su pose inmutable, se reveló como un modelo versátil, mostrando sus diferentes rotos y comprobando que la realidad siempre es alterada por quien la observa.
Durante casi diez minutos, los asistentes apuntaron sus cámaras hacia el coloso de la plaza. En un ambiente aún cargado de somnolencia matutina, solo resonaban los comandos de Jonathan, quien, a modo de metrónomo, sincronizaba cincuenta obturadores en un esfuerzo por capturar la figura del libertador en un instante perfectamente orquestado.
Terminada la actividad, los participantes se dispersaron por toda la plaza, ampliando así los objetos a ser retratados. Cada fotógrafo, en su acción solitaria de observar a través del lente y ordenar la realidad, se unió grupalmente a los demás. Su concentración en el visor los hizo inmunes a percibirse como sujetos colectivos. Pero al ser observados en conjunto, se pudo ver un festejo silencioso: cada uno en su lugar, concentrado y mirando a través de la cámara, moviéndose rápidamente para descubrir el mismo objeto desde otra perspectiva. Era casi como un baile, cuya melodía silenciosa sólo era perceptible para quienes portaban una cámara.

La misión era ambiciosa: cada fotógrafo debía crear imágenes para cinco categorías. Cada una de ellas implicaba el uso de una destreza diferente: Retrato, con su necesidad de capturar la esencia y realidad de otro en una sola imagen; Naturaleza, con la capacidad de percibir la biodiversidad en un espacio reducido; Catedral, y la misión de contener su majestuosidad en un solo cuadro; Soratama, con el reto de exaltar un edificio tradicional en el contexto de la arquitectura de la plaza; y finalmente, el Bolívar Desnudo, con el desafío de crear una imagen desconocida de un símbolo que existe en el imaginario colectivo desde 1963.
Para alegría de los organizadores, la actividad se desarrolló en total calma, permitiendo que durante más de tres horas la plaza fuera compartida tanto por sus transeúntes como por los fotógrafos que buscaban registrar esa cotidianidad. Esto generó una interacción entre ambos grupos: se vieron charlas amenas, consumo de los productos típicos de la plaza y una total armonía.


Al final, de manera simétrica a su llegada, uno a uno los fotógrafos fueron dejando la plaza, no sin antes confirmar que habían capturado la imagen deseada. Así, mientras unos se iban y otros llegaban, la Plaza Bolívar fue repoblada por sus dueños habituales y continuó su transcurrir de imperturbable cotidianidad, quedando solo el registro fotográfico de los asistentes como testigo del evento.
