Tercer acto, clausura y exhibición de la Celebración Día Mundial de la fotografía 2025

Escrito por: David Alejandro Jimenez Osorio
Fotografía por: Álvaro Javier Cuesta

El 20 de septiembre se celebró, en el Centro Cultural Lucy Tejada, el último acto de esta versión del Día Mundial de la Fotografía, con la clausura y la exhibición de las imágenes ganadoras tomadas durante la jornada realizada en la plaza de mercado Impala.
Ese laberinto de callejones estrechos, cargados de historias, alimentos y movimiento, fue el escenario al que se enfrentaron más de 80 pintores de la luz con la misión de capturar una imagen inmutable de la identidad de la plaza.

Luego de tres semanas de edición, selección y deliberación, catorce imágenes fueron elegidas para revelar la misteriosa y esquiva esencia de este icónico lugar. Juntas revelaban una unidad narrativa inesperada: miradas diversas, un mismo origen, la plaza con sus colores, aromas y personajes.

Y fue la misma plaza, quien encontró en la fotografía un medio para volver a su raíz. Por un instante, el Centro Cultural Lucy Tejada pareció abrir catorce ventanas al pasado, mostrando lo que alguna vez fueron sus corredores: pasadizos estrechos de bullicio y productos frescos, que hoy son recintos amplios llenos de murales, instrumentos, música y libros.

Los artífices de este viaje en el tiempo fueron llegando poco a poco a la gala, acompañados de familiares y amigos. Junto con docentes legendarios, amantes de la imagen e integrantes del club Lente y Café, colmaron las sillas del teatro. Cerca de 100 asistentes dieron vida a una velada especial, una cifra significativa si se tiene en cuenta que afuera se celebraba el Día del Amor y la Amistad.

Con el público ya en sus puestos, los participantes conocieron a sus jurados: Liliana Estrada, Oswaldo Ospina y Germán Ossa. Liliana y Oswaldo ya eran familiares gracias a la jornada académica en la que participaron como ponentes. Liliana es artista visual y curadora, con amplia experiencia en el arte fotográfico y dominio de su historia. Osvaldo, profesor de la Facultad de Bellas Artes y Educación de la UTP, enseña en la Maestría en Educación y Arte y es experto en la connotación simbólica de la imagen. Germán Ossa, por su parte, es gestor cultural de Pereira, crítico de cine, periodista y prolífico escritor, además de director del Encuentro de Críticos y Periodistas de Cine. Un verdadero narrador visual, capaz de desentrañar las historias que laten en cada serie.

La velada contó también con una exaltación cultural. Gracias al apoyo de la Secretaría de Cultura de Pereira, el grupo de Ritmos Argentinos del área de danzas del Lucy Tejada ofreció dos presentaciones de tango. Hubo destellos, baile, canto y, sobre todo, la solemnidad que el evento exigía.

Con el telón dispuesto, llegó el momento más esperado: la premiación. La primera categoría en anunciarse fue Rostros de la Plaza. Campo Elías, único finalista del año anterior que repitió pódium, obtuvo el tercer puesto con un retrato de un vendedor ambulante, quien en un momento de descanso dejó a un lado su puesto de dulces para posar al lente. El segundo lugar fue para Rafael Andrés Muñoz, con la imagen de un cotero sonriente captado en contrapicado, cargando un racimo de plátanos al hombro; de esta imagen sobresale la sonrisa de su protagonista. El primer puesto lo obtuvo Hada Luz Sarmiento con La inocencia no tiene edad, retrato de una mujer emberá cuya mirada mezcla asombro y conmoción; al ver la plaza llena de cámaras, no comprendía el motivo de tanta agitación en su cotidianidad.

Luego vino la sección Colores y Sabores. El tercer lugar fue para Julián David Guerrero Arias, con una toma impregnada del verde indomable que el campo lleva a la plaza. En segundo lugar quedó Jhon Edwin Vázquez, con una composición que muestra el orden perfecto de bultos de papa y verduras, en un claroscuro que juega con texturas, simetría y colores. El primer puesto lo obtuvo Edwin Ospina, con un contraste vibrante que combina las formas circulares de los productos y los colores con la mano de un vendedor, componiendo una escena de gran impacto visual.

La última categoría fue Identidad de la Plaza. El jurado declaró desierto el tercer puesto, pero destacó la fotografía de Yeison Estiven Montaño, que capturó la espontaneidad de los compradores en el área de cárnicos: la prisa de las ventas, clientes eligiendo, discutiendo sus productos y una atmósfera cálida que parece extraida del cine. El segundo lugar fue para Ricardo Orozco Rodríguez, quien retrató la interacción cotidiana entre un vendedor y una cliente frente a una pila de mandarinas bañadas por la luz dorada de la mañana, una iluminación que volvía la escena casi sacra, como si el fruto prohibido hubiese encontrado en los cítricos su nueva morada. La ganadora fue la obra de Jesús Alberto Petit Gotopo, quien en tres instantes y desde distintos ángulos narró la vida de un vendedor de verduras. Sus manos aún conservaban la tierra del campo; entre cebolla larga y cilantro, organizaba, limpiaba y guardaba billetes, fruto de ventas invisibles para el lente, pero esenciales en su rutina diaria.

El premio absoluto fue para Carlos Ariel Díaz Jaramillo con Con la vida al hombro. En un plano americano retrató al Sísifo moderno, un héroe existencialista consciente de una labor interminable: la carga de alimentos. Su rostro no refleja alegría, sino la seriedad inmutable de la realidad, esa que le ha enseñado que siempre faltará una carga más por desmontar. Con la mirada algo perdida, sus músculos tensos y voluminosos reflejan las consecuencias de su diario vivir. Y allí, en medio de la calle, sostiene en sus hombros los alimentos de toda una ciudad, con una aceptación tan silenciosa como incomprensible.

Estas catorce fotografías componen un retrato de la plaza, un tributo que buscó detener, aunque fuera por un instante, el movimiento perpetuo de este lugar de esfuerzos infinitos, de jornadas que inician en la penumbra del alba y que tallan en los cuerpos la tenacidad del trabajo duro. Pero también evocan la gratitud de saber que a sus espaldas reposa el siguiente bocado de todos los pereiranos. Y es esa certeza la que se refleja en las sonrisas serenas de cada rostro de este lugar.